¿SABE TU HIJA TRATAR A LOS CHICOS? (13 a 16 años)

Ana Aznar
No es algo que escape a nuestra mirada: adolescentes, con carita de niña y actitudes frente a los chicos, digamos… “excesivamente ligeras”. Y, lógicamente, se nos viene con tristeza a la cabeza la misma pregunta, ¿Qué les pasa a nuestras adolescentes? Quizá hemos dado por supuesto que cuentan con herramientas para actuar cuando en el fondo, ni ellas mismas saben muy bien por que lo hacen.

Que la adolescencia llega inexorablemente, es algo que todo padre y madre sabe desde que nace su hija; pero la que quizá se sorprende ante tantos cambios físicos y psíquicos es la propia adolescente. ¿Nos hemos preocupado de prepararle o pensamos que con la edad aprenderá actuar por sí sola?

Sembrar unos años antes

La educación sexual de nuestras hijas debemos afrontarla como quien va al teatro: procurando llegar pronto para sentarnos en la primera fila. Del mismo modo, nosotros debemos acudir cuanto antes para ocupar el primer asiento de la información sexual, evitando que nos lo arrebate la amiga enteradilla de turno, la serie de televisión que está de moda, el Robot Robin a través del Messenger o el cuestionario sobre el amor de una revista juvenil.

Si ante su primera pregunta entorno a la sexualidad le cortamos en seco, por creer que es demasiado pequeña o porque no sabemos cómo afrontarlo, sólo deformaremos la información que adquirirá por otros cauces. Las adolescentes necesitan información, pues en esta etapa es cuando descubren al otro sexo como tal y se manifiesta un interés hacia él. Comienzan a soñar con el amor y aman a éste mucho antes de conocerlo; lo idealizan y lo confunden con la amistad. Los padres debemos prepararlas para saber cómo afrontar estas situaciones tan nuevas para ellas.

Distantes y cercanos

Hay que estar siempre pendientes de nuestras hijas, pero es ahora cuando el sentido común nos pide no perderlas de vista. Este “control” no debe ser policial, sino más bien de oteador. Observar para estar al quite cuando nos necesite, aunque ella no nos lo pida.

Cercanos para preguntarle cómo se encuentran hoy, qué tal ha ido el día en el colegio o si se solucionó ese enfado con su amiga. Distantes para ver con perspectiva si existen comportamientos “raros”, impropios de nuestra hija: la manera de vestirse o pintarse, una bajada en las notas, una mirada triste prolongada en el tiempo, excesivo mal humor o un cambio repentino de amigas.

Y mientras tanto, estar muy informados y formados. Leer libros que nos ayuden a darles las respuestas o que nos orienten sobre cómo actuar. Hablar con sus profesores para contrastar comportamientos o para pedir ayuda si fuese necesario. Echar mano de una hermana mayor -si la hubiese- que esté más cercana o de una prima. Todo, menos dejar pasar la adolescencia como si de una etapa más de la vida se tratase. Es un momento crucial en la formación de nuestras hijas, donde debemos “echar el resto”.

Adolescentes sin información sexual

Hablando con profesores de la ESO, aseguran que la mayoría de los padres están muy preocupados por la formación académica de sus hijas “para lograr que lleguen lejos” y absolutamente despreocupados de su formación humana, muy especialmente de la sexual. Las madres creen que sus hijas ya obtendrán esta información cuando la necesiten, sin ser conscientes que quien mejor puede formarles son ellas mismas.

Aproximadamente, es a partir del verano de 6° de Primaria, al relajarse los horarios y la vigilancia sobre los hijos, cuando algunas niñas tienen sus primeras experiencias con el sexo contrario. Quiere decir, que es imprescindible que nos adelantemos para darles recursos de cómo afrontarlo. El modo en que cada una actúe depende en gran medida de la formación que arrastre. Al darle la información sexual de forma paulatina desde la infancia, a los 13, 14 y 15 años, nuestras hijas podrán hablar de estos temas de forma natural, con seguridad, si el sentimiento de que se trata de algo sucio, que sólo puede comentarse a espaldas de los adultos. Les habremos enseñado a ir despacio, a no quemar etapas, a ser conscientes de lo que se entrega en cada momento y por qué. Por el contrario, si no hemos sido precavidos, obtendrán esa misma información de las series de televisión, de los anuncios, de las revistas juveniles o a través de internet, donde todo se plantea con mucho romanticismo y sin ningún fundamento.

¿Cómo preparo a mi hija?

Para que una adolescente te cuente sus confidencias, tenemos que almacenar un historial de muchas horas de conversaciones intrascendentes a nuestras espaldas. Sólo así, podremos hablar de estos temas con naturalidad, sin entrar al trapo y sabiendo que nuestra hija nos escuchará. Podemos ensayar distintas situaciones, pues es importante que sepa salir de ellas sin quedar como una niña ñoña o estrecha:

-Mamá, ¿qué hago cuando el niño que me gusta me echa el brazo por el hombro?

– Pues, disimuladamente te echas un poquito hacia delante y si es buen niño, ya se dará cuenta que no estás a gusto.

Este ejemplo, que parece una tontería, puede ser un primer paso al que una adolescente se enfrenta y si no tiene la valentía o los recursos para salir de él, lo permite y luego dará el paso siguiente, y otro, y otro…, aunque desde un principio ella no quería. Nuestras hijas pueden intuir que ciertas cosas están mal, pero necesitan saber por qué, debemos darles ideas que les hagan estar seguras de sus decisiones y les aporten la valentía para enfrentarse al ambiente.

Ayúdale a pensar

Por otro lado, actualmente es más difícil objetivar cuáles son los valores que nos elevan y cuáles los que nos perjudican. Antes, la sociedad tenía unas reglas no escritas, se movía por el respeto a la persona, que ayudaba a saber qué estaba bien o mal. Ahora los principios admitidos como buenos son los que nos llegan a través de los medios de comunicación, por lo que debemos compensar en casa.

Además, les llega de un modo fácil, por lo que no están acostumbradas a reflexionar, ni a razonar. Esta dinámica hace que si les pides que piensen sobre sí mismas, sobre sus puntos fuertes y débiles, no saben cómo hacerlo. Esto se agudiza porque cada vez es más difícil encontrar momentos de silencio y sin éste, es imposible que exista reflexión. De este modo, van actuando “como una hoja que lleva el viento”, dejándose llevar.

Por ejemplo, ¿qué piensan acerca del amor? Lo que ven en la televisión: unas maravillosas escenas de amor entre adolescentes, que además son líderes, guapos y solidarios. ¿Quién les enseña lo contrario? ¿Alguien les habla del daño que les hace esas experiencias? Las adolescentes llegan a los 16, 17 y 18 años con muchos desamores a cuestas, con el corazón muy manoseado y con sentimientos absolutamente pesimistas sobre el amor. Desaparece la frescura frente a éste, la ilusión y su precocidad les hace envejecer pronto, perdiéndose lo mejor del amor, la donación de sí mismas a una persona, para siempre.

¿Qué les cuentan fuera?

El poder de sugestión que tienen los medios de comunicación es inmenso; si no les preparamos para afrontar la presión que suponen, se verán arrastradas por ellos. A través de la televisión o de las revistas juveniles, se les trasmiten conceptos como: el éxito rápido y sin esfuerzo, la belleza como máxima del triunfo personal, el encuentro sexual ocasional, el desenfreno en las diversiones, el engaño a los padres como muestra de independencia o cómo ser la número uno en dar besos a los chicos.

Es frecuente escuchar a los padres: “Esto no va conmigo”, “Mi niña no es así”, “Eso pasa a chicas de otros colegios”. Es decir, no son conscientes de la realidad que rodea a sus hijas. Nuestras adolescentes ven como normal (por lo habitual de la situación) hechos que a los adultos podrían escandalizarnos. Por esto, necesitan llenarse de ideas que las convenzan, que sólo los padres podemos darles. A través de los medios de comunicación son bombardeadas por imágenes sobre sexo y debemos ayudarles para que estén preparadas.

Educar en el pudor

Una de las ideas madre para entender esta “soltada de melena” de las adolescentes es la falta de educación en el pudor. Sin darnos cuenta, alrededor de los 11 ó 12 años permitimos que se vistan como mujeres, por la ilusión de “parecer mayores”: falditas muy cortas, chalequitos ajustados, camisas trasparentes con tops de florecitas que se adivinan bajo éstas, etc. Nos puede parecer gracioso o que les ayudamos a llevar con naturalidad el cambio, de su cuerpo. Realmente, les estamos haciendo un flaco favor, pues cuando una niña empieza a “desvestirse”, al mismo tiempo comienza a perder el sentido del pudor y más adelante le costará menos el roce con los chicos, pues… “ya no hay tanto que esconder”.

También hay que cuidar el contacto físico con las amigas. Se ha impuesto una manera de relacionarse en la que se ve como normal que estén todo el día dándose besos por cualquier tontería, muchos abrazos, mucha expresión corporal para manifestar sus sentimientos. Poco a poco, pierden el control del contacto físico con otras personas y más tarde no saben cómo cortarlo con los chicos.

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