¿QUIERO QUERER O QUIERO SENTIR?

Víctor Petuya
Esta es una pregunta que pienso se tendrían que realizar muchos jóvenes de cara a poner los fundamentos que permitan construir a lo largo de su vida, con esfuerzo sin duda pero también con grandes alegrías, ese proyecto de vida en común llamado matrimonio.
Lo primero que se debe tener claro es que ésta es la decisión más importante de nuestra vida. ¿Por qué? Porque al construir un matrimonio, y por tanto una familia, se está edificando ese ámbito único en el que se nos quiere por nosotros mismos. En una sociedad donde cada vez más impera el utilitarismo, todos somos vistos a menudo desde el prisma de lo que somos capaces de producir. Es por tanto en el matrimonio donde encontramos a esa persona que pretendemos que satisfaga nuestros deseos de ser queridos en exclusiva, sin olvidar que ella espera lo mismo de nosotros, y por tanto que nos acompaña hacia la felicidad.

Si el matrimonio es el camino a la felicidad, ¿por qué hay tantos que fracasan? Antes de continuar pienso que a menudo nos deberíamos de hacer la pregunta contraria ¿Qué hace que a pesar de todo (de las estadísticas, de los medios de comunicación, de que el compromiso no está de moda) muchísimos hombres y mujeres renueven a diario, y así a lo largo de toda su vida, aquel compromiso que realizaron el día de su boda? La respuesta que inmediatamente se nos ocurre es: el amor que se tiene mutuamente.

Entonces, retomando la primera pregunta ¿si fracasan es que el amor se ha acabado? Probablemente muchas veces en expresiones del tipo “ya no nos queremos”, lo que realmente se está diciendo es “ya no siento y por lo tanto continuar con esta persona no tiene ningún sentido”. En esta frase creo que se resume uno de los grandes errores actuales: el hecho de identificar el sentimiento con el amor. En los últimos años, en la sociedad occidental, se ha producido un avance espectacular en la formación intelectual de las personas y en la organización eficiente de los medios de producción. Sin embargo, no se ha conseguido un avance paralelo en los otros campos que integran a un ser humano. Se podría decir que el progreso se ha orientado a desarrollar la cabeza olvidándose de desarrollar el corazón.

Es por tanto necesario recordar que querer no es lo mismo que sentir. El sentimiento es algo que no podemos controlar y por lo tanto a veces está ahí y otras permanece oculto. Sin embargo el amor es una actitud hacia la otra persona. En la vida de una persona se pueden diferenciar dos tipos de amores. Por un lado están aquellos que se mantienen solos, que no cuestan esfuerzo. En este primer grupo se encuentran el amor a los hijos y a la tierra donde cada uno ha nacido. Sin embargo existen otros amores en los que para que se mantengan es necesario el esfuerzo continuo. Este segundo grupo lo componen el amor a Dios, el amor al cónyuge y el amor al trabajo. Estos últimos, que evidentemente no son de menor categoría que los primeros, requieren proponerse constantemente acrecentarlos y vivirlos.

Lo ideal es que cualquier amor fuera siempre acompañado del sentimiento pero, como se ha visto, al ser el sentimiento incontrolable, no siempre será así. En ese momento, precisamente por el amor que se tiene a la otra persona, habrá que recordar el propósito de “querer querer” a esa persona que se hizo el día de la boda. Esto llevará a alimentar ese amor con detalles y muestras de cariño convencidos de que estos momentos de aridez pueden unir mucho más a un matrimonio. ¿Y el sentimiento? Pues actuando así seguro que volverá antes o después.

Sin embargo yo, puestos a elegir, me apunto al amor de la esposa que lleva quince años cuidando a su marido enfermo aunque quizá éste ya ni le reconozca, al de ese matrimonio que decide sufrir muy unido el problema laboral de uno de ellos o al de esos padres que, simplemente, se esfuerzan todos los días en sacar un rato para charlar de sus cosas cuando por fin han conseguido que todos sus hijos se duerman. Quizá en esas situaciones no haya mucho sentimiento pero… ¿alguien dudaría de que esas personas han conseguido vivir con amor verdadero?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *