¿QUÉ APRENDEMOS DE NUESTROS PADRES?

Juncal Zarandona Alonso
Ante esta pregunta se me ocurre una mejor; ¿qué no aprendemos de nuestros padres?

Para empezar diría que parece bastante clara la función de los padres; EDUCAR. Pero si preguntáramos qué es educar, cada padre o madre nos daría una definición diferente. Yo, en cambio, diré una única definición. Educar no es enseñar buenos conocimientos si no enseñar a querer.

Esto así dicho, parece muy sencillo pero uno tiene que aprender a querer para poder enseñar a querer.

Un niño conoce el cariño por tres vías:

– el cariño que le trasmite su madre.
– el cariño que le trasmite su padre.
– el cariño que se tienen su madre y su padre. Ver que sus padres se quieren es el 50% de su educación.

Un claro ejemplo de esto es que un niño acepta con más facilidad que uno de sus padres haya muerto, a que sus padres se hayan dejado de querer.

Vivimos en una sociedad de matrimonios rotos e hijos llenos de problemas.

Lo primero que nos tenemos que preguntar es cómo queremos educar a nuestros hijos. Yo centraría toda esa educación en dos vertientes:

∆ Los valores: la verdad conocida.
∆ Las virtudes: vivir la verdad.

Si no vivimos lo que predicamos, no educamos; esto que a primera vista parece tan sencillo, en la vida real cuesta. A nadie se le ocurriría decir a sus hijos que hay que mentir, pero ¿cuántas veces delante de ellos nos llama el jefe y le decimos a nuestro marido o mujer que le diga que no estamos?

Para educar tenemos que saber qué es lo que creemos de verdad y no lo que queremos trasmitir. Nuestros hijos son como Gran hermano, lo graban todo. Si decimos que se cena sin tele, YO tampoco veo la tele, pero ni cuando ellos no estén delante, porque llegará el día que me pillen y lo grabarán en su cabeza para toda la vida.

Es muy importante dar referencias a los hijos, de forma que sepan que lo que hacen está bien o mal, aunque sus padres no estén delante para verles.

Por tanto, para educar hace falta coherencia, formación y que el niño se sienta querido

Uno por el hecho de ser padre o madre no va a ser buen padre o madre. Hace falta formación. Es así de sencillo, una persona que no se forma, no va a educar a sus hijos. Nadie nace sabiendo ser padre o madre, tendremos que aprender a educar y si no haremos las cosas en función de un estado de ánimo.

De ahí que creemos manipuladores y oigamos frases como: “mañana se lo pregunto a mi padre porque hoy está de mal humor”.

El ser humano tiene dos clases de cariños:

* Los verticales: a la ciudad, al equipo de fútbol…
* Los horizontales: que son los que uno elige, como a Dios, a la pareja, al trabajo,…

Estos últimos si no los peleas, los pierdes. Si no los cuidas, los cambias.

Esto lo digo porque un niño aprende a querer como lo hacen sus padres y hay que enseñarles que el amor no es solo un sentimiento, porque cuando se acaba el sentimiento, se acaba el amor y creedme no somos dueños de nuestros sentimientos.

¿En qué te vas a basar cuando no haya sentimientos?

Todos los amores (a Dios, a la pareja, a los amigos…) son probados en el terreno de los sentimientos. Despertarnos un día, mirar al de al lado y preguntarnos que pudimos ver en ese hombre o mujer, es normal, siempre que metas la voluntad en ese pensamiento y no te quedes solo en el sentimiento.

Hay que educar en las tres vertientes: sentimientos, inteligencia y voluntad.

¿Qué piensas cuando viene un día un amigo y te dice: “es que ya no quiero a mi mujer”? Pues quiérela. Haz cosas por ella, pon la cabeza, piensa que le gusta,… pon voluntad.

Cuando no apetece querer al de al lado es cuando hay que querer, y eso hay que enseñárselo a los hijos porque nadie le desea a su hijo un matrimonio roto.

¿A qué a veces tus hijos te ponen de los nervios y los regalarías? Pero los quieres. Pues eso hay que llevarlo a otros amores, como al marido o a la mujer.

Siempre que tienes un por qué para hacer las cosas, tienes un cómo. Estamos en una sociedad donde no hay por qués. Lucha contra el sentimiento porque son cambiantes.

Querer a tus hijos es exigirles, y exigir a tu hijo es exigirte a ti mismo, pero a eso parece que no estamos dispuestos. Y si estamos, a veces nos faltan por qués, nos falta formación e interés.

¿Cuántos cursos de formación se imparten en el colegio de tus hijos y no vas? Si te dieran 500€ por ir ¿irías? Como el dinero si nos interesa…

Parece muy duro, pero es así de claro. Ir porque queremos formarnos para querer a nuestros hijos no nos interesa.

El que más se beneficia con la formación es uno mismo. Si yo me exijo más, contrarresto la presión negativa que hay en la calle, así educaré.

Educar no es servir al niño. Una persona no exigida es no valorada, y no valorar a una persona en lo personal es no querer.

Antes que padres todos somos hijos y sabemos lo importantes que son para nosotros nuestros padres. Nos exigieron, nos corrigieron, nos castigaron, nos amaron, nos sonrieron… pero sobre todo nos quisieron y nos quieren y ¿no vamos a hacer lo mismo por nuestros hijos? En tus manos está formarte y quererles bien.

¿Qué mejor regalo de Reyes que unos padres que enseñen a querer?

Información obtenida de conferencias presididas por Don José María Contreras.

Autor de libros como:
– Hablar con los hijos.
– El sexo en la pareja ¿une o desune?
– La llave de la felicidad.
– Entre tú y yo.
– Pequeños secretos de la vida en común.
– Entorno a la pareja y los hijos.

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