¿Por qué no funciona el cachete? Alternativas al uso del castigo físico con los hijos Por Manuel Gámez-Guadix, José Antonio Carrobles y Carmen Almendros, Universidad Autónoma de Madrid

El cachete, el azote y la bofetada son formas de castigo físico frecuentes y ampliamente aceptadas por los padres para corregir y controlar a sus hijos. Expresiones cotidianas como “a mí me dieron un cachete y no me ocurrió nada”, “más vale un azote a tiempo”, “o a veces es necesaria una bofetada” reflejan la normalidad con la que se percibe el uso del castigo corporal.
Pero este tipo de comportamientos, ¿son realmente eficaces?, ¿hay ocasiones en las que son imprescindibles?, ¿no usarlos significa permisividad y falta de control y de normas?

Sobre la eficacia del castigo físico

Aunque el castigo físico puede disuadir al menor de manera inmediata, sabemos que su uso no es recomendable por diferentes motivos. En primer lugar, el azote o la bofetada enseñan al menor que la agresión es una forma aceptable de conseguir los objetivos y de modificar el comportamiento de los demás. Por ello, si un niño ha recibido castigo corporal es más probable que responda con una agresión al propio padre o a sus compañeros o amigos. Por otra parte, el castigo es percibido a menudo como injusto y arbitrario por parte de los hijos, lo cual hace más probable que el menor se muestre progresivamente más desafiante con la autoridad. Dado que el efecto inmediato del castigo físico es habitualmente la obediencia del hijo, es probable que los padres tiendan a emplearlo en el futuro en perjuicio de la utilización de otras estrategias alternativas igualmente eficaces pero que requieren de mayor autocontrol.

Por esta razón, muchos padres tienden a depender de este método disciplinario con el riesgo de que escale hacia conductas cada vez más severas. Además, los menores se acostumbran con rapidez al cachete o al azote, razón por la cual éstos resultan cada vez menos efectivos y los padres tienen que incrementar su frecuencia e intensidad progresivamente para lograr los efectos iniciales. Finalmente, el castigo corporal no ayuda a que el niño entienda e interiorice el mensaje y el razonamiento que se le intenta trasmitir, sino que, más bien, le enseña a no comportarse de determinada manera sólo en presencia de las personas que aplican el castigo.

En definitiva, dar un cachete o un azote tal vez requiera menos esfuerzo y autocontrol por parte de los padres que aplicar otras estrategias de disciplina parental. Sin embargo, en el mejor de los casos, no resulta efectivo para corregir el mal comportamiento de los hijos y, como hemos señalado, en no pocas ocasiones puede ser contraproducente.

Alternativas al castigo físico

Algunos padres creen que prescindir del cachete o la bofetada equivale a una excesiva permisividad o a que sus hijos no aprendan a respetar a la autoridad. Sin embargo, estas son creencias erróneas. Los niños, durante su desarrollo, necesitan en numerosas ocasiones ser supervisados y corregidos. Prescindir del castigo físico no significa falta de disciplina, de supervisión o de control. La experiencia de muchos padres y educadores, así como los resultados de numerosos estudios científicos, demuestran que existen otras muchas estrategias más eficaces para corregir y controlar el comportamiento de los hijos de todas las edades.

Cuando se hace necesario aplicar un castigo, se recomienda el empleo de castigos moderados no físicos como la retirada de un permiso o privilegio durante un periodo de tiempo (por ejemplo, quedarse sin salir de casa, sin ver la tele, sin su juguete favorito, etc.). También se puede hacer que el niño lleve a cabo alguna tarea o comportamiento como una forma de arreglar lo que ha hecho mal (por ejemplo, limpiar la comida que ha derramado, pedir perdón o pagar con sus ahorros el jarrón que ha roto). Estas estrategias tienen como objetivo corregir las consecuencias externas de las conductas indeseadas además de permitir que se practiquen y aprendan los comportamientos adecuados e incompatibles con los que se quiere corregir.

Por esta razón, conllevan una función educativa no presente en otros tipos de castigos más severos. También pueden emplearse reprimendas verbales (hasta los niños más pequeños entienden el tono de una reprimenda) o el uso del bloqueo físico (por ejemplo, retirar al niño de un enchufe cuando se acerca a introducir los dedos).

Igualmente, puede ser útil el empleo del tiempo fuera, sacando al niño del contexto en el cual se ha comportado mal por un periodo de tiempo determinado (le sentamos en un silla o le enviamos a su habitación) para que pueda calmarse, reorientar su atención y redirigir su comportamiento. Para que sea efectivo se requiere que el lugar al que se envía al niño sea aburrido y neutral y que el aislamiento se acabe sólo cuando se haya tranquilizado. Esta técnica funciona bien para niños desde 18 meses y es especialmente eficaz para corregir rabietas, llantos, gritos y agresiones.

Más allá de los castigos, el manejo que los padres hacen de su atención es de gran relevancia. No es recomendable ignorar a los hijos cuando éstos se comportan bien y prestarles atención sólo cuando se están comportando mal. Por otra parte, puede ser también importante ignorar comportamientos negativos leves con el objetivo de extinguirlos.

Tan importante como corregir el comportamiento inadecuado es recompensar lo que el niño hace bien. Las recompensas de tipo social como el elogio y la aprobación verbal, así como las expresiones no verbales (por ejemplo, una sonrisa o un gesto) o el contacto físico son formas muy efectivas para enseñar al niño a comportarse adecuadamente.

Educar sin pegar

En definitiva, el control y la disciplina parental son imprescindibles en la educación de los hijos. Partiendo de este hecho, creemos que siempre existe una alternativa mejor al castigo físico. Estas alternativas incluyen el razonamiento, la comunicación y el apoyo, prestar atención y proporcionar recompensas cuando el niño se comporta bien, el uso de castigos no físicos cuando sean necesarios (tiempo fuera, pérdida de privilegios, etc.) y la necesidad de establecer límites y normas desde edades muy tempranas.

Direcciones relacionadas

Estudio reciente sobre la prevalencia y consecuencias del castigo físico en España.

http://www.psicothema.com/psicothema.asp?id=3762

Artículo “Los niños españoles todavía se educan con el azote”

http://www.elmundo.es/elmundosalud/2010/11/15/psiquiatriainfantil/1289817023.html

Artículo “El cachete duele, pero no funciona”

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/cachete/duele/funciona/elpepisoc/20101117elpepisoc_1/Tes

Artículo “Educar sin pegar”

http://blogs.elpais.com/mamas-papas/2010/11/educar-sin-pegar.html

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