¿Por qué hacer deberes?

Los razonamientos que arguyen los profesores para justificar la conveniencia de mandar deberes van desde la necesidad de hacer repaso de lo visto en clase durante el día hasta la exigencia de fomentar la responsabilidad y el desarrollo de la autonomía de los niños y niñas. El hábito de estudio, señalan los expertos, no es algo que se haya de aprender exclusivamente en clase, sino que debe partir de la iniciativa personal de los alumnos, que han de ser capaces de organizar su tiempo libre, imponerse las dosis adecuadas de autodisciplina y ser concientes de que el aprendizaje es un proceso global que no termina al abandonar el centro escolar.

No todos los padres, sin embargo, ven con buenos ojos la carga extra de trabajo escolar que significan los deberes. Los hay que se lamentan de que el sistema educativo español tradicional carga de trabajo extraescolar la agenda de sus hijos, y ello les impide en gran medida formar a los pequeños en otros valores igualmente importantes: la convivencia familiar, la lectura, la práctica de deporte, la dimensión participativa y social o simplemente el disfrute de su tiempo de ocio y juego.

Como en muchas otras situaciones de conflicto, la solución más apropiada parece estar en el equilibrio entre las dos posturas. Pero, ¿dónde está ese término medio? Una buena práctica sería diversificar las tareas escolares y delimitar el tipo de deberes que se eligen para ser realizados en casa: huir, por ejemplo, de los ejercicios rutinarios, extensos y mecánicos y apostar por un tipo de actividades más prácticas, más entretenidas y más cortas que favorezcan la autonomía de los alumnos, instándoles por ejemplo a familiarizarse con el uso académico de Internet y las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación), de los medios de comunicación o de los libros no curriculares.

El rol de los padres

Sin duda, es conveniente que los niños se acostumbren a realizar un esfuerzo constante en materia de estudio, tanto dentro como fuera de clase. De igual forma, es bueno para los padres implicarse en las tareas escolares de sus hijos, ya que nos acercan a ellos y nos permiten participar en su desarrollo intelectual. La información que los padres extraemos al ayudar a nuestros hijos con sus estudios nos proporciona la posibilidad de identificar sus virtudes y defectos, habilidades y deficiencias, y actuar en consecuencia.

¿Cómo podemos ayudarles? Como principio general, es importante afrontar positivamente la tarea de ayudar a nuestros hijos con sus deberes. Numerosos estudios señalan que las tareas escolares no sólo incomodan a los alumnos, sino que cada vez con más frecuencia, irritan enormemente a los padres. En ocasiones, una actividad que debiera servir para crear vínculos con nuestros hijos se convierte en un motivo de conflicto. Y en demasiadas ocasiones, estos conflictos desembocan en malos hábitos, como por ejemplo:

Dejar a los niños solos ante las dificultades que pueden plantearles hacer los deberes (un 70% de los escolares no recibe ningún tipo de ayuda, según una encuesta del INCE del año 2000);
Dejar el peso de la cooperación en manos de las madres (en un 43% de los casos son ellas quienes asumen en exclusiva el papel de ayudar a sus hijos con los deberes);
Controlar excesivamente sus tareas y organizar con demasiado rigor los horarios destinados a realizarlas, de modo que los niños no asumen responsabilidades que les corresponden.
Para superar estos hándicaps es preciso tener en cuenta, por un lado, que la mayoría de nosotros no somos profesionales de la enseñanza y por tanto no tenemos las atribuciones necesarias para suplantar a los profesores; y por otra parte, que muchas veces no tenemos el tiempo suficiente para dedicar a estos menesteres, y en consecuencia resulta complicado afrontar esta tarea con la actitud más positiva, ya que muchos padres no se encuentran en la mejor disposición de sentarse junto a sus hijos ante un ejercicio escolar después de la jornada de trabajo.

La información que los padres extraemos al ayudar a nuestros hijos con sus estudios nos proporciona la posibilidad de identificar sus virtudes y defectos, habilidades y deficiencias, y actuar en consecuencia.

Catálogo de buenas prácticas

La actitud correcta de los padres ante el reto conjunto que representa el trabajo extraescolar de sus hijos consiste, en primera instancia, en observar en qué consisten sus tareas, cómo las afrontan y qué dificultades encuentran. De este modo, no sólo descubriremos qué contenidos trabajan en clase y cuáles son sus principales habilidades y déficits, sino que nos situaremos en condición de compartir con ellos sus experiencias escolares, tanto académicas como meramente personales.

Los expertos aconsejan a los padres implantar en casa una serie de medidas prácticas para organizar el tiempo destinado a hacer los deberes:

Conviene delimitar un lugar y un tiempo determinado para hacer los deberes: un lugar fijo de estudio facilita su concentración, mientras que organizar su tiempo faavorece la dedicación del niño o niña a otras actividades de formación y ocio;
Es importante que los niños perciban interés por nuestra parte respecto a sus tareas escolares. Lo ideal es crear un clima de colaboración de un modo no autoritario, ofreciéndonos a ayudar pero insistiendo en reclamar su responsabilidad final sobre el trabajo;
En general, es imprescindible inculcarles desde bien pequeños el afán de aprender nuevas cosas en cualquier circunstancia: animándoles a la lectura, invitándoles a desarrollar sus capacidades artísticas, ayudándoles a entender lo que dice la televisión, etc.;
En ejercicios complicados, asignaturas que se les atragantan o en épocas de exámenes no está de más dedicarles un poco más de tiempo e intensificar nuestro apoyo, proponiéndoles técnicas de estudio, participando más activamente en su proceso de aprendizaje y animándoles si se muestran nerviosos o inseguros.

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