¿MODELOS FAMILIARES DISTINTOS?

Jorge Peñacoba
La familia, su realidad originaria y su imagen, deberían ser protegidas como un bien necesario, tanto al menos como lo es el medio ambiente o el patrimonio cultural; es, como afirmó precisamente Benedicto XVI al asumir la convocatoria hecha por su predecesor, ‘patrimonio de la Humanidad’. No es sólo parte del bien común en muchos sentidos, ni siquiera sólo uno de los grandes hitos de la humanización de la especie homo (como podría ser también, por ejemplo, la aparición de lo simbólico); es que además cada ser humano se humaniza en la familia, y esa humanización es lo que le permite integrarse socialmente. La familia concreta, ésta o aquélla, puede hacerlo mejor o peor, o incluso fallar por algún motivo… pero la familia en sí es insustituible. El daño que su desaparición supondría a la Humanidad y a las personas singulares sería inimaginable. Nunca ocurrirá eso del todo, por supuesto, pues la capacidad regenerativa que tienen los ‘principios radicales de la sociabilidad humana’ (y la familiaridad es uno de ellos) es casi infinita, pero ya sólo su crisis puede representar un gran problema, y producirá -está ya produciendo- ‘desastres humanitarios’, un enorme y extenso estado de sufrimiento en multitudes de ‘damnificados’ a causa de la deseducación, el aislamiento y la soledad producidas por la crisis familiar. La fortaleza y salud moral de la institución familiar debería estar por encima de toda duda y de la distinción política entre izquierdas y derechas.

Pienso que lo primero que protegería y fortalecería la institución familiar es el sencillo reconocimiento de su estructura original. La teorización sobre los ‘modelos familiares’ ha dado lugar, a mi juicio, a un error conceptual. La idea de ‘modelos de familia’ puede ser útil académicamente dentro de un margen: hay indudables matices -sobre todos desde la perspectiva de la sociología o la economía- entre la familia en la civilización romana, la época victoriana o los años sesenta. Pero la realidad originariamente familiar es un prodigio de equilibrios entre lo natural, lo racional y hasta lo espiritual, algo tan complejo y perfecto, tan aparente y magníficamente sencillo como una flor: un hombre y una mujer comprometidos definitivamente, abiertos a la vida naciente, y, eventualmente, con sus vínculos afectivos natos hacia sus progenitores y hermanos. Lo demás son modalidades o situaciones que pueden indudablemente darse, pero que incluso entonces intentan como imitar el original, hacen referencia de una manera u otra a esta realidad originaria, hacerlo ‘según el modelo’ familiar. Por eso, llamar y dar igual reconocimiento de ‘modelos familiares’ a esas situaciones como si fueran simples alternativas tan válidas como la originaria, es no saber distinguir precisamente entre el ‘modelo’ y lo que de algún modo, más o menos lejano, se le parece o lo recuerda o lo intenta recordar; se trata de un cliché cómodo pero ambiguo, y aceptarlo socialmente es el primer paso hacia la desprotección de la genuina dimensión familiar humana. La familia no se inventa; está inventada ya. La genialidad creativa se construye sobre ese fundamento.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.