¿Demasiados deberes?

La pregunta que se hacen muchos padres que se cuestionan el porqué de tantos deberes es cómo es posible que asistiendo a clase un mínimo de seis horas diarias, los niños necesiten dos o tres horas más de estudio al llegar a casa. ¿A qué se dedican entonces en el colegio? ¿Falla algo en la educación escolar española o el hecho de mandar deberes como norma habitual forma parte de una estrategia consensuada por las autoridades educativas?

En cualquier caso, no parece una costumbre heredada del sistema educativo tradicional, dado que muchos de los que ahora somos padres recordamos nuestra infancia en la calle, jugando con los amigos en el parque después de clase. Bien es cierto que la sociedad ha cambiado mucho en estas últimas dos o tres décadas, y también es muy diferente la educación que reciben los más pequeños… Pero ¿es bueno para nuestros hijos que dediquen tanto tiempo a sus tareas escolares y tan poco a sus actividades de ocio?

Criterios didácticos
Los expertos, por su parte, afirman que la mayoría de las familias están de acuerdo con que sus hijos lleven a casa trabajo escolar extra, y justifican la existencia de los deberes con argumentos pedagógicos, tales como:

crear un hábito de trabajo
afianzar el aprendizaje de los contenidos tratados en clase
equilibrar la carga lectiva que reciben los alumnos en clase con tareas menos pesadas y prácticas
ejercitar las lecciones aprendidas
acabar las tareas que no se han terminado en el aula
involucrar a los padres en la educación académica de sus hijos
Asimismo, las tareas escolares fuera del aula deben cumplir, en general, una serie de requisitos distintos a los que suelen tener los contenidos impartidos en clase: es conveniente que, dentro de lo que cabe, sean entretenidas, livianas, motivadoras y, por encima de todo, dosificadas, con la finalidad de que no acaparen el ya de por sí escaso tiempo libre del que disponen las familias.

Aun conviniendo que los deberes son una obligación que ayuda a los alumnos a completar las enseñanzas recibidas durante el horario lectivo, el núcleo del debate está en cuánto tiempo es admisible que dediquen en casa a sus tareas escolares. Los educadores y psicopedagogos que han analizado la cuestión coinciden en afirmar que lo más efectivo es pactar un horario para realizar los deberes. Se recomienda hacerlo coincidir con la presencia paterna en el domicilio, con el fin de observar lo que hacen y prestarles apoyo en la medida de lo posible.

El tiempo destinado a hacer los deberes varía según la etapa escolar del alumno: en edad preescolar basta con inducir el intercambio de información preescolar con preguntas del tipo ¿qué te han enseñando hoy en el colegio?; en Primaria, los niños no deberían dedicar más de media hora a los deberes extraescolares, y es conveniente que los padres supervisen las tareas y el tiempo destinado a ejecutarlas; en los últimos cursos de Primaria e inicios de Secundaria, puede aumentarse el tiempo destinado a los deberes hasta la hora, e incluso iniciar algún tipo de formación específica (idiomas, música); en Secundaria, el alumno ya debe mostrar la madurez suficiente para organizar sus tareas y dedicarles el tiempo necesario sin distraerse con otras actividades, preferentemente inferior a la hora y media diaria.

No se trata, por supuesto, de sentarse con nuestros hijos a hacer las tareas escolares norma general, ya que una de las principales motivaciones de mandar deberes consiste en que sean ellos mismos los que aprendan a resolver de forma autónoma los ejercicios, pero sí es aconsejable motivarles (no conviene, en general, mostrar actitudes autoritarias) y orientarles. Propiciar un buen clima de colaboración repercute además en la mejora de las relaciones familiares y facilita la comunicación y la transmisión de valores educativos que no están estrictamente vinculados con la enseñanza académica: el esfuerzo, la responsabilidad, el orden, la constancia, etc.

El profesor particular: ¿remedio o parche?
Uno de los recursos típicos que adoptan los padres cuyos hijos presentan dificultades académicas consiste en contratar los servicios de un profesor particular que ofrezca atención personalizada al alumno. Se trata de una costumbre creciente en los hogares españoles con hijos en edad escolar (mayoritariamente en Primaria y Secundaria), aunque no siempre está justificada. Los pedagogos alertan de la tendencia de algunas familias a ocultar situaciones que poco o nada tienen que ver con el desarrollo académico, como la falta de atención a los hijos o el poco tiempo destinado a la convivencia familiar, a través de la figura del profesor particular.

La opción del instructor de apoyo es una salida cómoda para algunas familias, pero no significa que sea siempre la más adecuada. La decisión de contratar a un profesor particular debe ser el resultado del análisis de las necesidades que muestra alumno y una posible vía de solución a los problemas académicos o de actitud ante los estudios detectados a través de dicha observación. Es muy conveniente que antes de adoptar la decisión definitiva, los padres se preocupen de agotar otros métodos más convencionales para mejorar las prestaciones académicas de sus hijos. Es preciso establecer una buena comunicación entre padres, alumnos y profesores con el fin de ejercer una mínima supervisión del estudiante. Esto es, entrevistarse con el tutor para detectar los problemas de seguimiento de las clases y posibles motivos, hablarlo con el niño, intentar motivarle y prestarle atención y ayuda con los deberes.

En ocasiones, sin embargo, son los propios profesores del colegio los que nos recomiendan que, si está a nuestro alcance, acudamos en busca de un profesor particular. Ante esta tesitura, es importante tomar las medidas necesarias para no equivocar la elección. Contratar a un profesor particular no garantiza ni mucho menos el éxito escolar. Es más, conviene observar de cerca, al menos durante las primeras sesiones, cómo se desenvuelve el profesor y cómo reacciona el niño ante la nueva situación. Hay que tener en cuenta que a menudo los profesores particulares no son más que estudiantes universitarios sin experiencia pedagógica alguna. Si la magnitud del problema académico es preocupante, cabe plantearse la opción de recurrir a un profesional de la pedagogía.

La decisión de contratar a un profesor particular debe ser el resultado del análisis de las necesidades que muestra alumno y una posible vía de solución a los problemas académicos o de actitud ante los estudios detectados a través de dicha observación.

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