«YO ME REALIZO CUIDANDO A MI FAMILIA»

Edurne León
Llegamos a su casa a media tarde, en plena batalla de la merienda de los niños y el consiguiente esfuerzo para que se pongan a hacer las tareas sin dilación. Irene no parece alterarse con los gritos y las peleas, pero demuestra que tiene una gran autoridad moral cuando, sin alzar la voz, les pide que se vayan a estudiar…

Me casé con 22 años, y cuando tomé esta decisión, nunca tuve dudas sobre si quería tener hijos, porque para mí era algo lógico. No fue buscado ni rehuido, sino algo razonable. Por eso, puedo decir que mi familia no es fruto de un cálculo, ni de algo improvisado o irresponsable, sino de un proyecto pensado y querido desde siempre. Esto también fue cierto cuando la pequeña nació con unos problemas tremendos -casi nos morimos las dos-, pero también con mucha alegría. La maternidad ha venido con la más absoluta naturalidad.

Entonces, ¿por qué crees que algunas mujeres retrasan la maternidad o incluso la evitan?
No lo sé. A mí me ha traído muchísimas satisfacciones, pero imagino que, tal y como está el mundo, las mujeres tendrán miedo a la incertidumbre que trae la vida. La mujer recibe una educación orientada al trabajo, no a formar una familia. Sucede también en el mundo laboral: una vez que se incorporan a él, se les impide o se les dificulta dedicarse a una actividad que no sea su propio oficio. Entre otros factores, eso influye a la hora de tomar la decisión de ser madre.

En el momento en el que se conoce a una persona con la que se quiere formar una familia, las cosas se vuelven más sencillas. Una verdadera relación de pareja pide la continuidad, con lo que la llegada de los hijos se hace inevitable: es el fruto de la unión. En mi opinión, todo lo demás son cálculos egoístas o fruto del miedo que produce no haber tenido modelos en los que fijarse y apoyarse.

¿Qué te ha aportado ser madre?
Yo diría que todo. Ser madre me ha llenado de cariño y me ha dado la oportunidad de sacar adelante a cinco personas, que son mi vida.

Me casé con mi marido para estar con él, y luego llegaron los hijos. Para mí, educarles, sacarles adelante y hacerles personas responsables es una misión muy agradable y una responsabilidad, nunca una carga. Yo veo a los niños como la vida misma. La persona que intente controlar su totalmente su vida, no encontrará nunca el momento adecuado ni la persona ideal, porque la vida es imprevisible y nunca se ajusta completamente a nuestras expectativas.

¿Cómo es la relación con tu marido?
Hay que pelear por el matrimonio día a día. Yo siempre digo que en el matrimonio se suda y se trabaja casi tanto o más que ejerciendo una profesión. Si no se cuida, no sale adelante: yo invierto muchas horas en pensar estrategias y en darle vueltas a ese proyecto que tenemos en común y que se llama familia. Hace falta mirar al otro a los ojos, o incluso de espaldas, pa­ra averiguar qué es lo que está pasando, descubrir día a día cómo se puede mejorar. Si un matrimonio no se mejora, se empeora. Una relación no puede permanecer estancada, tiene que crecer. Si no es así, el matrimonio se marchita.

¿Qué es lo que más agradeces de su figura de esposo y padre?
Parto de la base de que me casé con Ángel porque le escogí y él me escogió a mí. Nuestro objetivo somos nosotros dos. En todas las decisiones que tomo cada día, él es la prioridad. Los niños se marcharán y me quedaré con él, por lo que Ángel es lo primero.

Otra cosa es que la vida, en muchas ocasiones, desdibuja esta forma de considerar al otro en el matrimonio. En esos momentos es cuando nos replanteamos qué es lo que estamos haciendo. Nos dimos cuenta, por ejemplo, de que los niños estaban cobrando demasiado protagonismo, y eso no puede ser. En la familia, pienso que lo más importante es el matrimonio.

¿Qué esperas de tus hijos?
No pretendo que mis hijos sean buenos, quiero que sean muy buenos. Quiero unos niños felices y que sepan y quieran hacer felices a los demás. Tengo unas ambiciones enormes para ellos, y no sólo profesionales. Lo que anhelo y persigo es que sean unas personas socialmente productivas. Por eso, no entiendo que los poderes públicos no nos apoyen más a los padres, no encuentro ninguna explicación para ello. La estabilidad que aporta la familia a la sociedad debería ser un motivo suficientemente importante como para que se premiara y ayudara a sacarla adelante.

¿Cómo consigues conciliar trabajo y familia?
Me parece que es un punto fundamental. En mi caso, creo que la clave es poder trabajar media jornada. He defendido este asunto con uñas y dientes, ya que permite conducir a la familia de forma medianamente relajada. No lo cambio por más dinero, ni por prestigio, ni por nada. Pienso que mantener una jornada completa y sacar adelante a la familia me resultaría insostenible. No creo que esto suponga hipotecar mi futuro o quemar mis posibilidades. Para mí, el cuidado de mi familia es realizar mi individualidad. Creo que me realizo como persona cuando me ocupo de los míos cada día. Lamentablemente, me parece que la conciliación ha sido muchas veces una auténtica tomadura de pelo que nos han vendido a las mujeres, a costa de marginar nuestra condición de madres. En realidad, lo que debe conseguir es la integración de todos los papeles que desempeña la mujer. Creo que ahora se empieza a replantear un poco mejor y, para eso, otro aspecto importante es que el hombre cambie su mentalidad.

¿Y qué papel tienen los abuelos en tu familia?
Los abuelos y las tías abuelas forman parte de nuestro día a día. Mi padre tiene Alzheimer diagnosticado desde hace unos meses. Todos lo hemos afrontado con naturalidad y hemos reorganizado nuestra vida. Nuestros hijos le tratan con un cariño enorme. Mi padre ha sido director de un banco y ahora no sabe sumar, y ellos le contestan a todas las preguntas con un respeto formidable. Les explicamos su enfermedad desde el principio, y lo han asumido con todo el cariño. Eso es una escuela de generosidad impagable. Tienen el concepto de lealtad muy arraigado. Mis padres y mis suegros se han desvivido por sus nietos y qué menos que corresponderles de la misma forma. Nos ha ayudado mucho tener un asidero sobrenatural. Para nosotros lo divino y lo humano están muy unidos.

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