«Poca gente se hace cargo de su propia vida»

Pocos saben que este cantautor de fama mundial, poeta y escritor, que recientemente estuvo en España con su espectáculo «Lo CORTEZ no quita lo CABRAL», fue analfabeto hasta los catorce años. Alcoholizado, a los once años quemó dos escuelas y una comisaría de policía, e intentó robar un banco. A los quince años tenía dos objetivos: matar a su padre y morir durmiendo

Hasta los catorce años, Facundo Cabral fue analfabeto¿Cómo es posible que con esta misma cabeza, ahora estoy interesado por la ética y antes tenía veinticuatro robos en mi haber?.
A los catorce años me meten en la cárcel. Era analfabeto y muy valiente. Un jesuita, Simón, me salvó la vida. Mis compañeros me querían matar. Me llevó a dormir a la biblioteca, donde no dormía nadie. En tres años hice el bachillerato, que otros hacen en doce. ¿Cómo lo conseguí? Puse todo mi amor en el conocimiento. Encontré más placer en leer a Neruda que en un vaso de vino. Neruda, con su libro, me llenaba el futuro; el vino, el pasado. Era un negocio clarísimo.
Jamás abrí la Biblia. Un día le pregunté al jesuita Simón de qué trataba ese libro. «Es el libro de los libros -respondío-, pero no es para ti. Es muy pesado, es tan pesado que tienes que tener muchas agallas para abrirlo ¿Sabes por qué? Por donde lo abras sale tanto fuego, que tu maldito odio, y toda tu basura se puede quemar en un segundo, y hay que tener mucha valentía para poder decidir. Eso todavía no es para ti -me dijo-. Cuando te decidas a leerla, yo te ayudaré».
Entré en la vida el 24 de febrero de 1954. Ese día conocí a un vagabundo de setenta años. Yo tenía diecisiete. Me dijo: «Tú eres un príncipe. Hay un solo rey. Hay algo grande que hizo: separar la luz de las tinieblas. Tu padre se llama Dios, y es el único rey. Si tú eres hijo de rey, ¿cómo vives así, como un miserable, siendo un príncipe?» Fue la revelación más grande que viví en diecisiete años de vida. Lo primero que aprendí de Jesús fue el Sermón de la Montaña.
Yo canto porque me volví loco de alegría cuando conocí a Jesús, Nuestro Señor. Empecé a escribir canciones, quería contarlo. Quería contar a la gente la categoría de Dios. Que no es el Dios juez…
El relaciones públicas de jesús
Jesús es parte de mí. Uno es dueño de lo que ama; no creo en otra propiedad. Jesús es un amor compartido por cinco mil trescientos millones de seres humanos, porque aun aquel que no es cristiano tiene por Él un respeto profundo. Eso es lo que he visto en el mundo. Mi madre me decía que tenía que ser el «relaciones públicas» de Jesús, porque conmigo hizo un milagro.
A Dios le veo en la cancha de fútbol; lo siento; vivo a Dios; lo encuento en todas partes; vivo en un gigantesco templo. Mi madre solía decir: el bullicio de la gente no les permite escuchar la voz de Dios. Las tareas vanas de la ciudad no permiten a la gente trabajar en la única tarea importante, que es prepararse para recibirlo. Mi madre, que no sabía que era cristiana, estaba buscando, sin saberlo, el «monasterio».
Personajes como Roldán son los emergentes en una sociedad enferma. Una sociedad sana da a un Jesús. Yo no puedo descartar a un Roldán, porque es mi hermano; yo tengo también la culpa. Si hubiera dado a Roldán el amor que a mí me dieron, hoy sería otra persona. Una vez entramos con la Madre Teresa en una cantina de México. El que menos estaba borracho. Cuando entró la Madre, todos se pusieron a llorar. Nadie más pidió una copa. Cuando tienen amor, cuando se sienten comprendidos, no beben. Eso es lo que diferencia a Jesús del resto de la Humanidad; antepone el Amor sobre todas las demás cosas.
Hoy el progreso gobierna a la gente. Las personas no piensan, dejan que la televisión piense por ellos. La gente no busca entretenimiento ni crecimiento interior; hoy le echamos la culpa al presidente González de lo que nosotros nunca hicimos; delegamos en otro la responsabilidad de nuestra vida y después le echamos la culpa. No somos justos. La gente que se hace cargo de su propia vida es muy poca. Se consume, pero no se crea. Cuanto menos se crea, más se consume; por eso tenemos una sociedad de consumo.
La fe hace gigantes

La alegría de vivir la feUna vez un periodista le preguntó a mi madre: Sara, ¿qué es la fé?, y ella dijo: «Yo no sé qué es la fe, pero sí sé para qué sirve la fe: yo soy más feliz que usted. ¿Qué me puede importar el día de mañana que el teatro esté vacío, que se agrave la salud, que choquemos con el taxi? Nada. Si yo tengo fe soy un gigante, no soy un ciudadano. Hombre no es el que camina, sino el que elije, y cuando el hombre elije, no camina, vuela. Un hombre así tiene plenitud; ya no depende de un sistema político, de un sindicato, de un aumento de sueldo, de una huelga, de los éxitos del Real Madrid…
Pobre de aquellos que tienen miedo a un niño
El mal no se puede desterrar, pero se puede vencer. Lo puedes debilitar. No le des protagonismo. Si los malos supieran qué buen negocio es ser bueno, serían buenos por negocio.
El día que conocí a mi padre, a la salida de una de mis actuaciones, sentí que era la mejor persona porque pude perdonar. Ese día me sentí feliz. ¿Por qué? Dejé de tener enemigos. Cuando se vive sin enemigos, la vida tiene una categoría extraordinaria.
¿El aborto? La tribu más retrasada de Africa o de América, los aborígenes australianos o los esquimales no lo harían jamás. ¡Pobres de aquellos que le tienen miedo a un niño! ¿Quiénes somos nosotros para decidir lo que Dios quiere que nazca? Es mucho peor que un asesinato: estás matando la vida que no conoces. Eso se debe a que no nos respetamos. ¿Habrá pensado el legislador que esté a favor del aborto qué opinaría si su madre hubiera estado a favor del mismo?»
Alex Rosal

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