«Nuestra vocación hoy es la de una minoría activa»

El conocido escritor y periodista Vittorio Messori tiene en su haber numerosos libros en los que ahonda en la dimensión racional de la fe católica. En esta entrevista a Alfa y Omega habla sobre su nuevo libro, Por qué creo (LibrosLibres), en el que se atreve a contar su propia conversión, y desvela las claves del presente y futuro de la Iglesia

En este libro ha pasado de dar razones de la fe, a dar las razones de su propia fe. ¿Por qué ha dado este paso?
Después de 23 libros, todos sobre la fe, este libro es un libro de conclusión, que trata de dar sentido a todo mi trabajo. Yo no nací católico; en mi vida hubo un antes y un después, una conversión. Yo no era creyente, sino que de joven más bien combatía el catolicismo. Para resumir, yo era un joven estudiante de Ciencias Políticas en Turín. Para mí, sólo existía la política, la sociología, la economía… Mi familia estaba muy lejana de la Iglesia, incluso era contraria a los curas. Mis maestros eran los grandes del laicismo italiano, que no eran ateos, sino algo peor. Decían que el ateo era, en realidad, un creyente al revés; en cambio, ellos defendían el agnosticismo: frente a la religión, sólo cabe la indiferencia, y la razón no puede responder a las preguntas metafísicas, por lo tanto no merece la pena perder el tiempo.
Para mí, la fe no fue el resultado de una búsqueda. Fue una sorpresa, una especie de trampa. Un día de verano, mientras preparaba mi tesis universitaria, me sentí como si hubiera caído en un agujero. Durante dos meses, el mundo cambió para mí. Me di cuenta con claridad de que la verdad estaba en el Evangelio. Lo extraño es que yo no tengo un temperamento místico, soy muy racional. Para mí fue una gran sorpresa, y bastó para cambiar mi perspectiva. Desde entonces, escribo el mismo libro, tratando de responder a la misma pregunta: ¿Es esto verdad?

¿Por qué esta necesidad de la apologética?
Para despertar a la gente. Frente a la indiferencia moderna, busco decir a la gente que no puede dejar de hacerse preguntas, que estamos inmersos y rodeados por el Misterio, y hace falta que la gente busque una respuesta. Quiero sacudir a la gente. Por ejemplo, el zapaterismo en España contiene mucha agresividad contra la Iglesia y contra la fe. Es, más que nada, hostilidad contra ellas. Hay una élite política y cultural que no es sólo anticlerical, sino anticristiana.

Vittorio Messori¿Cuál es el lugar de la Iglesia entonces, en un ambiente cada vez más hostil?
Creo que cada cristiano debe descubrir su propia vocación. Jesús se dirige a sus discípulos como un pequeño rebaño; son como la sal, como la levadura. La vocación del cristiano es la de ser una minoría activa. La sal es necesaria, pero, si hay demasiada, la sopa no se puede tomar. El pan es grande, pero basta poca levadura. Creo que lo que está en crisis no es la Iglesia, sino la idea de una cristiandad de masas, en la que la mayoría de la gente iba a misa y respetaba la moral cristiana. No soy pesimista; la Historia nos obliga a descubrir nuestra verdadera vocación.
Mi amigo Benedicto XVI, a quien conozco desde hace muchos años, dijo en Praga -la República Checa es el país europeo con menos fieles practicantes- que el futuro del cristianismo es el de una minoría activa: pequeños grupos que funcionen como la sal y la levadura. En España, como en otros países que han sido tradicionalmente católicos, hay que aceptar este nuevo papel. No creo que volvamos a la vieja cristiandad, pero no es algo preocupante.

¿Cómo sería Messori hoy, si no se hubiera convertido?
Sería un periodista político. Yo no me presento como un santo, sino como un cristiano incoherente, pero cada vez más convencido de la verdad del Evangelio. Lo importante de la perspectiva cristiana no es la caída -porque todos somos pecadores-, sino que es capital no perder nunca la distinción entre el bien y el mal. Es una lástima que hagamos el mal, pero lo fundamental es mantener la conciencia de pecado. Esto lo digo porque hoy existe una ideología que pretende presentar el mal como un bien. Es el caso del aborto, que aquí, con Zapatero, se ha convertido en un derecho, una flor en el ojal, un signo de progreso y liberación. Esto es muy grave.

¿Qué le dice un converso de los años sesenta a un chico indiferente de hoy en día?
No tengáis miedo, repetía Juan Pablo II. No hay que tener miedo del cristianismo, como si ser cristiano supusiera renunciar a la vida, o meterse en una cárcel. Yo diría a este joven: no tengas miedo, prueba a ver. Dios no te quita nada, sino que te da mucho. Es dura y difícil la vida del cristiano, pero el balance es un balance positivo.
Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo

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