«ES UN DESPROPÓSITO QUE UN CHAVAL TENGA ACCESO A INTERNET CON MENOS DE 10 Ó 12 AÑOS»

La relación cada vez más estrecha entre los adolescentes y las nuevas tecnologías (móviles, videojuegos, internet…) ha abierto un territorio plagado de incógnitas para familias y educadores. Ignasi de Bofarull ha explorado los límites de esa nueva frontera en su libro Enganchados a las pantallas, una guía que marca pautas para un uso racional de los nuevos medios. Bofarull, de 49 años y padre de tres hijos, es partidario de una utilización «sobria» de los recursos de la era digital.

-La inmersión en las nuevas tecnologías ha sido tan radical que hoy en día un chaval sin un móvil es una especie de marciano.

-Desde hace unos años el móvil ha dejado de ser entre los adolescentes un objeto de comunicación para convertirse en un instrumento de ocio. Lo de comunicarse o estar localizable ha quedado en un segundo plano ante servidumbres como cambiar de aparato cada temporada o tener los últimos avances tecnológicos.

-Son un buen mercado para las empresas.

-La estrategia comercial de las grandes compañías está enfocada sobre todo a los adolescentes y los jóvenes. La penetración de los móviles es tremenda.

-Y ya no pueden vivir sin ellos.

-El otro día pasé por un parque y en un banco había tres chicas con sus respectivos móviles. No paraban de teclear mensajes o de hablar por los teléfonos pero lo que más me llamó la atención es que entre ellas no se cruzaban una palabra.

-Cambian las relaciones sociales…

-Aquí hay dos puntos de vista. Hay quien sostiene que las nuevas tecnologías son un refuerzo en las relaciones sociales de los adolescentes en la medida en que hacen posible mantener contactos que no serían posibles sin esos medios. Es decir, los móviles e internet abren un campo de relación sin precedentes y permiten ampliar el abanico de contactos prácticamente hasta el infinito.

-Es una forma optimista de verlo.

-Demasiado optimista para mi gusto. Es verdad que se abren nuevos campos de relación pero también lo es que hay muchos jóvenes que sólo se relacionan con otros jóvenes a través de las nuevas tecnologías. Es gente que únicamente sabe relacionarse por correo electrónico, mensajería o móvil.

-Y se vuelven incluso dependientes.

-Todavía nos falta perspectiva para poder determinar si las nuevas tecnologías generan una adicción como la que pueden tener los ludópatas. Lo que si es verdad es que su abuso tiene unos riesgos evidentes.

-Uno de ellos sería el del aislamiento.

-En Estados Unidos, donde la penetración de internet es muy superior a la de España, ha surgido un fenómeno muy preocupante. Hay adolescentes que viven encerrados en sus dormitorios rodeados de artilugios y que prácticamente no tienen relación con el resto de la familia. Viven en el mundo de las nuevas tecnologías y todo lo que necesitan está en su habitación. Le llaman la \’bed room culture\’, la cultura del dormitorio. Son autosuficientes, se llevan la comida a su habitación y viven aislados de la familia. Hay una gran preocupación porque el fenómeno está en aumento y las familias no saben qué hacer.

-Es que a muchos padres les cuesta entrar en el mundo de las nuevas tecnologías.

-Sí, a la brecha generacional se une en este caso la brecha digital. Hay padres que se apartan de las nuevas tecnologías por desconocimiento y que al final acaban siendo engañados por sus hijos, que se aprovechan de su ignorancia. Un día le piden instalar una línea de ADSL \’porque lo necesito para la escuela\’ y otro, un artilugio nuevo para el ordenador que muy probablemente tiene muy poco que ver con el estudio. Al final van cayendo en la red que les va tejiendo el hijo.

-¿Qué aconseja en estos casos?

-Vencer el miedo a las nuevas tecnologías e introducirnos de lleno en ellas, a poder ser de la mano de nuestros hijos. El mensaje es que hay que perder el respeto a ese mundo: hay que informarse, dejarse asesorar, hablar con los hijos y dejarse guiar por ellos. Lo que no se puede hacer es apartarse de ese mundo y dejar que el chaval haga lo que le dé la gana con la excusa de que no entiendo nada de eso. Eso no es bueno.

-¿A partir de que edad recomienda el uso de internet?

-A partir de los 11 ó 12 años. A esa edad surge la oportunidad de empezar a realizar consultas en la red para solucionar tareas escolares. Es bueno que esa iniciación se haga con los padres para que ellos les marquen unas pautas en cuanto a tiempos de utilización y contenidos. Lo que es un despropósito es ver a chavales que no tienen 10 años metidos en internet sin controles de ningún tipo.

-¿Sirven de algo los filtros para la red?

-No lo tengo claro. La primera reacción de un adolescente ante alguna limitación es intentar saltársela y el filtro resulta desde ese punto de vista una provocación. Lo ideal es que el chaval tenga ya un criterio formado a la hora de sentarse delante del ordenador y sepa para qué sirve y para qué no sirve internet. Más que depositar su confianza en los filtros, los padres deben intentar formar a sus hijos de tal forma que puedan asumir categorías de análisis críticas, que sepan qué hacer en la red; en definitiva que los filtros estén en sus cabezas y no en el ordenador.

-No parece una tarea sencilla.

-Requiere un sacrificio por parte de los padres, sobre todo en el caso de los chicos. Hay que tener en cuenta que el uso de la red que hacen chicos y chicas es totalmente distinto. Las chicas la utilizan sobre todo para mensajería instantánea, contenidos de sociabilidad, de cosas que tengan que ver con contacto entre personas… El chico hace búsquedas más violentas, más ejecutivas, más rápidas, más adrenalínicas.

-Como por ejemplo la pornografía.

-El consumo de pornografía es mucho mayor entre los chicos que entre las chicas, eso está demostradísimo. En general, los chicos hacen un uso individualista y agresivo de intenet mientras que las chicas lo utilizan más para comunicarse.

-¿Habría también una edad para acceder al móvil?

-Yo creo que con 10 años un chaval no necesita un móvil por la sencilla razón de que siempre está localizado en casa. El móvil empieza a hacerse necesario en la adolescencia, con 13, 14 ó 15 años, pero siempre con sobriedad. Quiero decir que los padres se tienen que preguntar si lo que realmente necesita su hijo es un móvil con contrato para gastarse 200 ó 300 euros al mes o basta con otro compartido con su hermano mayor y que se usa cuando realmente hace falta para tenerlo localizado.

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