«Cultura de la vida. Cultura de la muerte. Tú eliges»

Una buena definición de cultura es la de materia impregnada por espíritu. Una piedra en sí no es cultura, pero una piedra esculpida o puesta de una determinada manera ya es una manifestación cultural.
En la actualidad hay claros síntomas de cultura de la muerte en la sociedad española. En el último censo electoral realizado el año 1991 se recogen tres gráficos especialmente espectaculares:
-La pirámide demográfica: se convierte en una «pirindola demográfica».
-La evolución del número de hijos por mujer desciende de modo abismal a 2,2 en 1980 a 1,1, en 1991, siendo el nivel de reemplazo de 2,1.
-El estancamiento de la evolución de la esperanza de vida, que en la actualidad es de 78 años.
Estos datos demográficos son muy definitorios de una sociedad demográficamente en decadencia. En la actualidad el problema es reversible, pues la población joven todavía no está marcada por la dramática disminución de la población. Pero se ha trivializado tanto el valor de la vida humana, que es difícil en ocasiones defenderla.
La cuestión del aborto es una clara muestra de cultura de la muerte. Causa y efecto de la pérdida de futuro. La falta de un sentido profundo de la vida genera miedo al futuro. Los niños son recibidos con temor y desánimo por lo que les sobrevendrá.
Crear las condiciones necesarias para que se respete a la mujer embarazada, ayudar a fomentar la maternidad, generar una esperanza en el futuro más respetuoso con la vida humana es tarea de todos los que apostamos por la cultura de la vida y para esto hay que controlar la «hemorragia» social, familiar y personal que supone el aborto. Desde el 85 se han realizado más de 350.000 abortos, reconocidos por el Ministerio de Sanidad; es, según algunos estudios, la tercera causa de muerte en nuestro país. Hasta las personas más recalcitrantemente abortistas reconocen que el aborto es un fracaso. No lo aceptemos como solución. Busquemos alternativas. Propaguemos entre todos una cultura de la vida que no sólo respete, en ocasiones la vida de los animales y de algunos seres humanos, sino la naturaleza, empezando por la misma naturaleza del hombre, su dignidad desde el momento de la concepción.
Es cuestión de elegir: no se trata de estar frente a una cultura de la vida o frente a una cultura de la muerte, sino dentro de toda una cultura de la vida, en la que se den razones, condiciones y satisfacciones para respetar la vida de cada ser humano. Impregnemos de espíritu de vida y no de muerte lo que nos rodea. Una sonrisa, un saludo, una mano abierta son efectos y causas de la cultura de la vida.
Jesús Poveda de Agustín
Secretario General de pro-Vida

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