¡Al rico libro!

Una de las claves para estimular el gusto por la lectura en los niños y jóvenes es la necesidad de asociar al libro al tiempo de ocio en contraposición a una prolongación de las obligaciones escolares. Está comprobado que exigir la lectura resulta contraproducente, ya que los niños tienden a rechazar todo aquello que les viene impuesto. Leer debe convertirse en un hábito con un sentido lúdico, puesto que sólo así se convertirá en una actividad fructífera. Exactamente del mismo modo que ocurre en el caso de los más mayores a la hora de practicar deportes o aprender idiomas.

Sin embargo, en la batalla en pro del fomento de la lectura -como, en general, durante toda la etapa educativa- sí resulta recomendable crear ciertos hábitos de disciplina durante el tiempo que los niños pasan en casa. Es necesario predicar a favor del esfuerzo y no esperar que, a base de ceder y conceder ante nuestros hijos, se cree una relación paterno-filial idónea. No vale que nuestros hijos lean con desgana con la promesa de que su obediencia se verá recompensada con unas horas de videoconsola. La lectura (como, por otra parte, ocurre también con algunos videojuegos) es una actividad intelectual de autodesarrollo, creatividad y descanso que debe ser percibida por los niños como una ocupación lúdica.

Estimular la lectura, sí; imponerla, no

Si bien es en la escuela donde se suele despertar en los niños el interés por la lectura, generando las expectativas adecuadas, tanto o más importante es que los padres creen en casa un ambiente de lectura. No hace falta siquiera estimular a los niños por medio de la palabra; a veces, el simple hecho de ver al padre o a la madre con un libro en las manos se convierte para los hijos en un referente que marca las pautas de su propio comportamiento. Y viceversa: si los pequeños no están acostumbrados a ver en casa un espacio (de tiempo e incluso físico) dedicado a la lectura, lo más probable es que ellos sean incapaces de adquirir el hábito por su propia iniciativa.

En cualquier caso, los bajos índices de lectura que se registran en nuestro país y su incidencia en el desarrollo intelectual de nuestros escolares requieren una respuesta a nivel institucional. La necesidad de fomentar los hábitos lectores de niños y jóvenes y la sensibilización social que ha provocado la publicación de estudios que no dejan en buen lugar a nuestros estudiantes, como el anteriormente mencionado informe PISA, han contribuido a crear una atmósfera favorable a tomar medidas para invertir esta tendencia. En este marco ha surgido, a nivel estatal, el Plan de Fomento de la Lectura 2005/2006, desarrollado por el Ministerio de Cultura en colaboración con la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, que es sin duda la asociación más activa en materia de promoción de la lectura.

Las líneas de actuación del Plan de Fomento de la lectura comprenden diversas acciones orientadas a la mejora de las bibliotecas públicas y escolares, al fortalecimiento de las campañas de promoción del sector del libro en los medios de comunicación y a la colaboración con las iniciativas de carácter autonómico de animación a la lectura. Entre éstas, se encuantra la campaña Libros a la calle, cuyo objetivo principal es transformar los medios de transporte urbanos de la comunidad de Madrid en centros de promoción de la lectura. De igual modo, y coincidiendo con la Conmemoración del IV Centenario de la publicación de El Quijote, se han desarrollado múltiples actuaciones dirigidas a estimular el placer por la lectura, algunas de las cuales, como la página web de Educalia, han logrado acercar a los escolares a los clásicos de la literatura española.

Otras actividades de fomento de la lectura llevadas a cabo con el apoyo de las instituciones públicas se han orientado a conseguir la percepción de las bibliotecas públicas como centros de promoción de la lectura. Asimismo, el pasado mes de abril se celebró en Cáceres el Primer Congreso Nacional de la Lectura. Así pues, existe un caldo de cultivo dirigido a estimular la lectura. Está en manos de los padres aprovechar la coyuntura para estimular la conciencia lectora de sus hijos.

Verano, tiempo de lecturas

Educadores y psicólogos infantiles apuestan por la lectura como tarea ideal para los niños durante las vacaciones de verano, por delante del clásico cuaderno de vacaciones, aunque éste sigue siendo necesario cuando existe algún déficit escolar concreto. El verano es un tiempo propicio para casi todo, y en especial para programar actividades conjuntas en familia. Muchos expertos recomiendan que los niños se olviden de los deberes durante los meses de julio y agosto. Pero no lo padres: la psicóloga Arantza Belastegui apuesta por “propiciar momentos de encuentro distendidos con nuestros hijos, que hoy en día poseen muchos bienes materiales pero poca dedicación pos parte de sus padres”.

En cualquier caso, el verano no debe significar tomarse un descanso del aprendizaje, especialmente en lo que hace referencia a la lectura y la escritura. Hay que buscar el equilibrio entre el tiempo libre que necesitan nuestros hijos para relajarse y disfrutar de la niñez y la conveniencia de practicar y disfrutar de los libros. Algunas sugerencias para disfrutar de la lectura durante el verano son:

Leer en voz alta el mismo libro que está leyendo su hijo y comentarlo con él
Estimular a su hijo para que escriba a sus amigos de la escuela
Animarles a leer durante los viajes (desde los carteles de tráfico hasta los mapas, pasando por la guías y los libros de viajes)
Sugerirles que escriban un diario de sus vacaciones y que se lo lea cada noche
Dejarles que escojan lo que desean leer. Por ejemplo, a partir de guías como la que ofrece Educared

Otras ideas para fomentar la lectura en las familias
La competencia del amplio abanico de entretenimientos domésticos que hoy en día están al alcance de los jóvenes dificulta la labor paterna de transmitir las bonanzas de la lectura. A menudo nos preguntamos: ¿Qué puedo para que mis hijos lean? Apunten estas ideas:

1. No les obliguen a leer: que sean ellos los que decidan cuándo, cuánto y dónde hacerlo

2. Deje que su librería sea accesible para ellos: quíteles importancia a los libros y no les prohíba leer “cosas de mayores” (es mejor explicarles por qué según qué libros no son adecuados para ellos)

3. Hágales socio de una biblioteca y suscríbalos a revistas: el mero hecho de que llegue a casa un paquete a su nombre ya es un incentivo

4. Visite con ellos librerías y salones: las ferias y exposiciones pueden convertirse en un entretenimiento que acerque la literatura a sus hijos

5. Adáptese a sus gustos y comparta sus lecturas: regálele libros sobre los temas que les interesan, ínstele a que destine su semanada a la compra de libros e incentive su poder de elección

6. Acostúmbrese a leer con ellos diariamente: léales cuentos cada noche, diviértanse juntos con la compañía de los libros.

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