¡A DESCANSAR!

Estudios Arvo
UN ALTO EN EL CAMINO

La mayoría de los padres necesitamos que acabe el cole, el instituto o lo que académicamente proceda. Necesitamos una parada en el día a día de las prisas; suena el despertador y ¡a ponerse las pilas!: levantar a los chicos, preparar desayunos, programar la jornada doméstica, llevarles a la parada de la ruta o personalmente al cole. Y, en la mayoría de los casos, iniciar una jornada laboral, no siempre ausente de complicaciones. Algunos hacen un pequeño paréntesis para comer y… vuelta a la vorágine de la tarde: estudio, conservatorio, baile, natación, idioma y/o despacho, consulta o turno de tarde en el trabajo habitual.

Sería muy positivo que uno de los padres asuma la dirección de la empresa familiar cuando el otro está ausente, pero no siempre es viable. Sea cual sea la situación que a cada uno de nosotros nos haya tocado vivir, está claro que el final del período escolar nos da un respiro.

Corno aprendí en los cursos de orientación familiar a los que tuve la suerte de asistir, “en educación es mejor prevenir que curar”, Por ello sugiero algunas ideas que nos puedan ayudar para aprovechar muy bien, en todos los sentidos, este tiempo de descanso.

PROGRAMAR EL VERANO

Hay que ser conscientes de que el verano no dura dos meses como ingenuamente queremos creer. Desde que acaba el curso escolar hasta que llega el primer día del nuevo curso transcurren aproximadamente ochenta y cuatro días. Y son muchos días, demasiados, para mantener un buen ritmo con los niños en casa y sin cole.

Mi reflexión tiene como objetivo invitar a las familias a pensar que hay que programar el verano, hay que proyectar qué van a hacer nuestros hijos en ese tiempo de vacaciones, hay que hablar con ellos sobre lo que quieren o prefieren que hagamos juntos en todos esos días, casi ochenta y cuatro.

Está claro que decidiremos los padres -así debería ser- pero es muy aconsejable pedir opinión a los hijos, conocer sus pro­puestas, sus inquietudes e incluso sus caprichos. Nosotros valoraremos esas opiniones y decidiremos según las edades y según las propuestas.

Está claro que una adolescente de trece años propondrá pasar unos días en la playa -a ser posible, la misma a la que van sus colegas- comprarse un bikini nuevo y “¡por favor, que ya tiene trece años, que la dejen salir todos los días hasta altas horas de la noche!”; y al día siguiente dormir hasta las doce de la mañana, quejarse de los ruidos que hacen sus hermanos pequeños, y que nadie pronuncie las palabras prohibidas “Marta, cariño, estudia un rato”. Para qué va a estudiar la pobre Marta si total solamente ha suspendido dos asignaturas. y es que, con dos asignaturas, unos padres sensatos dejarían a Marta sin playa, sin bikini y pondrían hora fija de regreso a todas sus salidas.

Por experiencia, sé que cada matrimonio conoce lo que conviene a cada uno de sus hijos. Y es posible que, aun habiendo suspendido dos asignaturas, Marta vaya unos días a la playa si sus padres consideran que Marta se ha esforzado durante el curso y no ha dado más de sí.

MARIA LUISA

Me viene a la memoria el caso de una adolescente de diecisiete años, María Luisa, una joven muy trabajadora que en 1 o de Bachillerato no superó dos asignaturas en la última evaluación. Sus padres procedieron de un modo muy razonable, después de un buen análisis de la situación. En primer lugar, tras una larga conversación en el colegio con la tutora de su hija, llegaron a la conclusión de que la chica necesitaba descansar.

Como era injusto para toda la familia renunciar a pasar un mes en su casita de la playa por esos dos suspensos, y dado que María Luisa había trabajado duro durante el curso, sus padres proyectaron un plan que consultaron a la tutora y, tras el visto bueno de ésta, lo comunicaron a su hija que aceptó encantada: María Luisa tendría horario de estudio de once a una, de lunes a viernes todas las mañanas, y dos tardes a la semana se desplazaría en coche con su padre o su madre a la capital en la que viven durante el año para asistir a clases de apoyo con la misma profesora que la había ayudado durante todo el año.

María Luisa trabajó mucho, descansó y logró unos fantásticos resultados. Hoy día está en tercero de carrera y será -con seguridad- una brillante docente. La preocupación de sus padres, la colaboración con la tutora y el estudio objetivo de la situación por parte de todos ellos facilitaron el camino a esta adolescente, hoy ya mujer.

LA AYUDA DE LA TUTORÍA

La historia real contada nos puede orientar para concretar los planes del verano. El tutor sabe, a veces mejor que los propios padres, el esfuerzo académico que ha realizado cada uno de sus tutelados. También conoce a cada uno de ellos pues los ha tratado personalmente casi todo un año, período de tiempo suficiente para detectar en los chicos y chicas sus preocupaciones, metas, proyectos y esfuerzos.

El tutor nos concretará en qué punto tenemos que poner más interés en el verano: a veces, en mejorar el nivel académico; otras, en recuperar ese nivel para ponerlos al día; otras, en hacer algún deporte, yen alguna ocasión el punto de mejora se cen­trará en esa amplia asignatura de “las virtudes” o “los valores”. Quizá el verano, sea buen momento para trabajar con nuestros hijos un determinado valor o virtud. El verano puede ser un buen momento: disponemos de más tiempo para estar con ellos. Y para educar hay que pasar mucho tiempo con los hijos, conocerlos, tratarlos, descubrir sus nuevos gustos y, básicamente, escucharlos.

Para conocer a alguien hay que tratarlo, dejar que hable, que nos cuente, que nos confíe sus secretos. Al escuchar a nuestros hijos obtendremos elementos de juicio para ayudarles mejor y también para darles alguna sorpresa que no esperan, ese pequeño detalle que le hará el día más agradable. Yo me pregunto ¿para qué estamos los padres sino para ayudar y hacer más felices a nuestros hijos?

UNAS IDEAS CLAVES

Descansar no es no hacer nada, esto ya lo tenemos bien aprendido: descansar es cambiar de actividad, hacer algo que requiera menos esfuerzo del que habitualmente hacemos, que nos guste y, sobre todo, que nos ilusione.

Valorar el esfuerzo más que el resultado. Este criterio de valoración estimula y motiva a nuestros hijos. Es mejor premiar ese esfuerzo que reducir nuestro interés a unos resultados académicos. No olvidemos que somos responsables del desarrollo integral de nuestros hijos. La formación intelectual es muy importante, pero lo es mucho más la formación humana y espiritual.

Con mucho cariño, dejar claro a nuestros hijos que sabemos que han hecho lo que han podido: la conciencia de cada uno de ellos les hará rectificar o realmente sentirse satisfechos del reconocimiento que le hacemos.

ALGUNAS SUGERENCIAS

Me gustaría ofrecer alguna sugerencia para los padres que tienen hijos pequeños:

Pienso que no es bueno agobiar al niño con clases particulares todos o casi todos los días del verano. Llenar el tiempo por llenarlo llevándolo a informática, natación, idioma, etc., corriendo de un lugar a otro, puede resultar contraproducente; la tercera semana estaremos agotados de correr tanto, y ellos más. En algunos colegios, se desarrolla durante el verano unos cursos o programas formativos muy completos; vie­nen a imitar la jornada escolar de modo relajado y duran un mes: durante ese mes, los niños mantienen una disciplina de horarios y de actividades, repasando lo que han aprendido el curso escolar anterior, piscina, juegos, manualidades y, según los colegios, aprenden nociones de un segundo idioma.

Para los más mayores, suelen existir campamentos en lugares preciosos, zona de playa o sierra. Otra opción son los cursos monográficos de idiomas en alguna ciudad de nuestro país o, incluso, en el extranjero. Tenemos todo un catálogo de posibilidades para elegir a la carta qué le puede resultar más beneficioso a nuestros hijos, siendo conscientes de que cada hijo es diferente, y si el mayor se nos va un mes a Dublín, quizá el segundo necesite aprender inglés más cerca de nosotros. Todo dependerá de la situación familiar de cada cual y de la circunstancia personal de cada hijo.

Otra posibilidad es que pasen unos días con la familia materna o paterna si no viven en la misma ciudad. Para los abuelos, atender durante unos días a los nietos puede suponer una pequeña dosis de juventud, se sentirán útiles y recordarán aquellos momentos en los que tenían a sus hijos en casa. En la trayectoria de toda persona resulta muy enriquecedor mantener vivos los lazos familiares y, en ocasiones, las circunstancias dificultan ese vínculo.

Por este motivo, sugiero a los que pue­dan plantearse esta posibilidad que lo piensen. Todo ello sin perder el sentido de la responsabilidad: ni enviar a los abuelos un “paquete-regalo” con los más pequeños de la casa y que los aguanten, ni menos aún un “paquete-sorpresa” con algún adolescente en plena etapa de fuego. En resumen, cada familia sabe cómo son sus miembros y adopta mejor que nadie las decisiones al respecto.

PLANES DE FAMILIA

La familia es una empresa que además cotiza muy alto en bolsa; y todo buen empresario gestiona su empresa empleando en ella los mejores y más variados recursos. Nuestra propia empresa, nuestra familia, no merece menos de nosotros.

Si ya he apuntado algunos planes de verano para nuestros hijos, quiero dejar referenciado algunos planes para compartir todos juntos, dependiendo siempre de las edades de nuestros hijos. El día a día no puede convertirse en rutina. Cada día ha de ser diferente.

Soy consciente de que no todo lo que se proyecta llega a materializarse, ya sea por falta de medios o por falta de ganas, pero por lo menos hay que intentarlo: Así, es interesante invitar a casa algún día a uno o dos amigos de nuestros hijos -insisto, según edades- con el objetivo de que ellos cuiden esa amistad y de que nosotros conozcamos a esos amigos tan significativos en la vida de nuestros hijos. También viene muy bien hacer alguna fiesta divertida, por ejemplo, hacer una barbacoa, en la playa o en el jardín de casa, invitando a algún matrimonio amigo con sus hijos. Y no digamos ir de excursión a algún lugar atractivo, etc.

LO MÁS IMPORTANTE

Finalmente, recordar a todos los matrimonios -incluido el mío propio- que para mantener saludable nuestra familia y llevar mejor las dificultades de la vida misma, es imprescindible que los jefes de este negocio tan rentable, la familia de cada uno, se tomen unos días de descanso, para lo cual no es necesario hacer malabarismo ni marcharse a más de mil kilómetros del hogar familiar, aunque en alguna ocasión sea recomendable.

Nuestros hijos son lo primero, pero nuestro consorte debe ser lo primerísimo. Los padres debemos tomamos unos días -poquitos para que la nave no vaya a la deriva- de merecido descanso; unas minivacaciones que nos vendrán muy bien para “echar de menos” a nuestra tropa y cargar esas pilas que no se agotarán hasta el siguiente verano.

Regla Alcón Gómez Abogado y Máster en Orientación Familiar

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